Por todos es conocido el interés de los consumidores chinos en las marcas occidentales especialmente del sector del lujo. Muy conscientes de ello las grandes multinacionales europeas del sector desplegaron su “flagship stores” hace ya varios años en las calles más comerciales de China, empezando por la hoy cosmopolita y multicultural  Shanghai y terminando en enclaves como Changsha, que efectivamente es una gran ciudad con un área de metropolitana de 8 millones de personas, pero que dista mucho del lujo y la sofisticación de los barrios céntricos de Paris o las estrechas calles de Montecarlo. Los escaparates del lujo han llegado a todas los rincones del gigante asiático. Está claro, a los chinos les gustan las marcas europeas, pero, y a nosotros, ¿nos gustan las marcas chinas?

Consumimos productos “Made in China” todos los días pero, por lo general, no tenemos en mente la marca de muchos de ellos. De la “fábrica del mundo” salen miles de contenedores hacia Occidente con todo tipo de productos que llenan las estanterías de los clásicos bazares, grandes almacenes de electrodomésticos y cada vez más, de tiendas de productos tecnológicos. La evolución es clara, de productos de manufactura pura y dura, como herramientas o utensilios básicos de cocina, hemos pasado a consumir otros con un componente tecnológico evidente, como las lavadoras, ordenadores o teléfonos inteligentes de última generación. Es, en este punto de la evolución exportadora China, donde aparecen pisando fuerte las marcas chinas del siglo XXI.

Ya todos conocemos los móviles Huawei, las tablets de Lenovo, los electrodomésticos Haier y la aerolínea Air China.  Hasta en los  restaurantes chinos de Madrid ya hay quien se atreve a pedir directamente una Tsingtao cuando quiere una cerveza. Definitivamente las marcas chinas ya no nos suenan tan a chino. ¿A qué se deben estos avances en cuanto al conocimiento de las marcas chinas en Europa? Me temo que los responsables son los propios chinos.

El Gobierno Chino apoya a las empresas para exportar y proteger sus marcas fuera de sus fronteras a través de Programas de incentivos gestionados por los gobiernos regionales. Estos gobiernos recogen en sus planes estratégicos el número de empresas y marcas chinas que quieren posicionar en el exterior durante períodos de 5 años. En cuanto a sectores, han priorizado las empresas de high tech, tecnología LED, instalaciones nucleares, farmacia, aeronáutica y tecnología espacial. Esta promoción de la protección de la creatividad e innovación China en el exterior da como resultado que, sólo durante 2014 se duplicaran el número de marcas comunitarias registradas en el territorio de la UE por parte de titulares chinos.

La normativa europea permite desde hace 20 años la protección unificada de las marcas en la UE. Se trata de un único procedimiento de solicitud y concesión a través del cual el registro de la marca produce efectos en los 28 Estados miembros de la UE. Para que un ciudadano o empresa extranjera pueda  solicitar el registro de su marca en Europa ha de hacerlo a través de Agente Oficial de la Propiedad Industrial de cualquier estado miembro. La solicitud se tramita online a través de la web de la Oficina Europea de Armonización del Mercado Interior con sede en Alicante.

La protección legal de sus marcas en el exterior permite a los empresarios chinos operar con total tranquilidad como usuarios en exclusiva de la marca en los países en los que se haya registrado, ejercer acciones legales contra quienes hagan uso indebido de la misma y evitar procedimientos judiciales internacionales innecesarios y muy costosos.

De todo esto se deduce que a los chinos no les basta con su propio mercado, tienen planes muy ambiciosos para crecer fuera de China y la actividad internacional de muchas de sus empresas se ha profesionalizado y adaptado a los estándares del comercio mundial. El efecto que tiene sobre los consumidores europeos es que hemos pasado de comprar productos de fabricación china a consumir marcas chinas que reconocemos y apreciamos. Las marcas chinas del siglo XXI ya son una realidad en Europa y parece que han llegado para quedarse muchos años. Se trata de un reto más que nos plantea la globalización y al que ya hacen frente  nuestra empresas que deberán ingeniárselas para seguir adelante con tal feroz competencia.

Por Fernando Goñi, director de Relaciones Internacionales

PONS Patentes y Marcas Internacional

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